Bienvenida a los States…

Tras dos semanas  viviendo en la primera potencia mundial, Estados Unidos, y más concretamente en su capital, Washington DC. Parece que la providencia  no está dispuesta a que yo me aburra de ninguna manera…

7.000 kilómetros me separan de mi querida aunque ahora arruinada España, un océano entero que se cruza en tan sólo nueve horas, nueve horas en las que disfrutar de varias películas y de aperitivos, que serían indescriptibles para cualquiera,  se convierten en una ardua espera. De la comida mejor no hablamos.

Aterrizar y camino a la aduana. Sentimientos como el miedo y el desconocimiento de lo que nos van a preguntar, es algo que persiste y es patente en la cara de los viajeros. Nadie dice nada, pero todo el mundo piensa en lo mismo: en esos quince o veinte minutos que separan el avión de la puerta de salida. ¿Eres periodista?, me pregunta el policía, un hombre afro-americano enorme que me mira como si fuera imbécil, no le falta razón, su acento es incomprensible. Primer obstáculo superado.

¿Cómo llegó a Washington?, siguiente duda. Tres de mis acompañantes en tan confortable vuelo me dicen de compartir un taxi. 30 Dólares y te dejan en la puerta del hotel. Los efectos del Jet Lag, se notan. Pienso; media hora y en casa… Nada más lejos de la realidad. Tras un trueque nefasto con unos taxistas, los tres viajeros experimentados ya que llevan unos seis aquí me proponen, con buena intención, enseñarme el camino cogiendo metro y autobús… Total, autobús media hora, metro, veinte minutos… Ah se me ha olvidado!! Caminar otros 30 para llegar al hotel—- Mejor no pregunten, pero imagínense cargando 30 kilos por las “amplias calles” de DC.

Primer contacto con la capital, el Watergate. ¿Una señal?, mejor seguimos para adelante, tras la odisea viajera, maleta deshecha y zapatos quitados, a las 17.00 en la cama. Imposible mantenerse despierto.

Primer día: festivo. En esta ciudad no cierran las tiendas ni los domingos lo que está muy bien para que aquellos, que como yo, puedan llenar su tiempo consumiendo. Tras dos horas discutiendo en una tienda de telefonía móvil, con mi inglés nefasto.  Yo pensaba que era mucho mejor. Un chico guatemalteco viene a mi rescate. Ya tengo compañero para comer. Primera visita, La Casa Blanca. Emocionante.

Primera semana de curro. Vivir en un hotel puede ser emocionante para muchas personas. Para mí, cuando llegó a la habitación significa dormir, por lo que me es indiferente llegar a las tres de la tarde o a las seis, la cama, talla king size por cierto, me llama cuán encantador de serpientes.

Cosas resueltas: un teléfono móvil el tercer día, no está mal si no fuera porque cuesta 200 dólares, los planes son rarísimos, y además es agotador: Hay que discutir tres horas con la dependienta con el fin de demostrarla que no eres una morosa. Da igual lo que digas. ¡Sólo puedo darle móvil si deja un depósito de cientos de dólares!.

Viernes…. buen día. Quedar con unos veinte españoles cuando estás recién llegada no hubiera sido posible años atrás, cuando las redes sociales no existían y el hacer amigos te obligaba a llevar un cartel colgado en el pecho que decía: ¡Estoy sola quieres hablar conmigo!. Visita a un bar, dos vinos. La discoteca, tipo Kapital madrileño, la copa cuesta ocho dólares. El refresco, mejor no lo comento, sólo diré que los camareros van armados con pistolas.

Los compañeros del curro genial, me han salvado. Banco y Casa, la primera semana no me puedo quejar, en esta parte es como sentirse en casa :). Fin de semana: visita al Capitolio y retransmitir mis primeros resultados de unas primarias. Como no, el Internet se calló, el ordenador dejó de funcionar y otros dos más inutilizables hasta conseguirlo. No está mal, es supervivencia. Solventado.

Segunda semana y una gran noticia en lunes. La casa me la dan. Genial!!! xxx. Una casita urbana que despierta mi lado más creativo. 🙂 Tras un debate del estado de la Unión, doce horas de trabajo y dos debates republicanos, cada vez me gusta más andar por aquí. Tres temas publicados. Genial.

Fin de semana y salida del Distrito de Columbia, dirección Alexandria (Virginia). En old town, una callecita de tiendas y restaurantes de pescado con construcciones muy antiguas para ser los estates, la ciudad es adorable. La gente va con más lentitud que en DC. Lo que más me llamó la atención fue: ¡Hora feliz de ostras! (me pareció increíble) de la procedencia que quieras del océano pacífico o del atlántico. ¡A mi madre le va a encantar! xxxx

Domingo y parte de la mudanza hecha. Tras ver la televisión dos horas, decido acostarme. Cual es mi sorpresa cuando pasadas las doce me despierto a causa de un ruido ensordecedor— La alarma de incendios —-. Me pongo mis botas, la cazadora de cuero -hay que recordar que la temperatura media por la noche es de un grado- y mi pijama debajo. Suceso: la lavandería del hotel se ha incendiado. Los bomberos corren por todas partes. Una pandilla de afroamericanos pasan el tiempo entre risas, una familia en bata se abraza y reza. En una hora podremos subir a la habitación. ¡Qué frío! A las dos, de vuelta a la cama, sana y salva.

Dos semanas intensas que prometen una experiencia única en un país dónde se come a la una, el gimnasio es la nueva discoteca para ligar y los jóvenes beben tequila en los mexicanos. Único!!!

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s