Dos meses… y contando!!!

Tras dos meses en la cima del mundo, por lo menos desde un punto de vista informativo, parece que los caminos se aclaran y la luz de la nostalgía alimenta las almas de los expatriados, que como yo, consiguen dejarla en un sitio aletargado en el cerebro. En esa esquina, en ese rincón, donde las emociones viven en secreto y no se rebelan.

Con la casa ya montada y acogedora, qué decir es mi hogar por lo que más vale que me guste; y tras caminar por sus calles, sus esquinas, sus recovecos y  las salidas nocturnas y diurnas oportunas, puedo concluir y afirmar en voz alta que esta ciudad me gusta. Una ciudad en constante movimiento, una ciudad vacía y llena de gente. Sola. Acompañada. Qué más da!!!, una ciudad donde la gente se queda un rato y luego se va… así es Washington.

En este tiempo ha habido de todo.  Algo remarcable fue la parada de la policía en Virginia porque un taxi  de DC nos recogió, a mí y mi amiga Arantxa, en dicho estado, y parece que esta acción es un delito por estas tierras. La anécdota acabó con la mirada perpleja y de susto por parte del taxista.

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