Dos meses… y contando!!!

Tras dos meses en la cima del mundo, por lo menos desde un punto de vista informativo, parece que los caminos se aclaran y la luz de la nostalgía alimenta las almas de los expatriados, que como yo, consiguen dejarla en un sitio aletargado en el cerebro. En esa esquina, en ese rincón, donde las emociones viven en secreto y no se rebelan.

Con la casa ya montada y acogedora, qué decir es mi hogar por lo que más vale que me guste; y tras caminar por sus calles, sus esquinas, sus recovecos y  las salidas nocturnas y diurnas oportunas, puedo concluir y afirmar en voz alta que esta ciudad me gusta. Una ciudad en constante movimiento, una ciudad vacía y llena de gente. Sola. Acompañada. Qué más da!!!, una ciudad donde la gente se queda un rato y luego se va… así es Washington.

En este tiempo ha habido de todo.  Algo remarcable fue la parada de la policía en Virginia porque un taxi  de DC nos recogió, a mí y mi amiga Arantxa, en dicho estado, y parece que esta acción es un delito por estas tierras. La anécdota acabó con la mirada perpleja y de susto por parte del taxista.

Además, las visitas culturales están siendo eriquecedoras. Dos conciertos, una barbacoa tejana con adquisición de tres tarros de mermelada donde servían la cerveza y una fiesta made in Spain son más que suficientes razones para decir que esta ciudad me ha recibido casi al 100% con los brazos abiertos.

El otro lado…

Que algo negativo ocurra cuando estás a más de 7.000 kilómetros de distancia, te hace pararte a reflexionar y puede enturbiar, aunque sea levemente, esta experiencia. El pensamiento dicotómico se apodera de ti de repente. Ir o no ir, que hacer, que no hacer— y a final nada, te quedas parada, esperando un teléfono que tarda en sonar,  en una llamada que no llega. Los segundos son horas, los minutos, días.

Por lo que sí señores, estar lejos es una gozada nadie lo duda y más como está nuestra querida España, pero que sepan que si tienen un contrapie están ustedes solos. Bueno a no ser que no formen parte de una familia arraigada y les de igual, claro está.

Un fallo muy común es pensar que tú puedes con todo, que no te afecta, que te puedes divertir igual, que tu vida sigue de la misma manera, nada más lejos de la realidad.

Los sentimientos encerrados en ese rincón antes mencionado, luchan de forma persistente por escapar y dominar tus emociones. Llorar. Desahogarse.

Lo que está claro es que puedo decir que estos días he aprendido mucho, he aprendido a discriminar el bien del mal. He aprendido a aprender de los demás, viva la redundancia. He sobrevivido a la soledad y a ahogarme en mi propia introversión.

Aunque esto pueda sonar muy manido, y obvio, no se lo crean. Hay gente a la que no creía importarle y me han demostrado que por lo menos mi comportamiento, aunque sea negativo, les afecta. Cosa que me ha sorprendido y encantado por cierto. Una persona que al fin al cabo me puso la verdad delante, frente a mi y me ayudó. Me frenó. No puedo darle las gracias lo suficiente.

Porque al fin y al cabo cuando estas lejos, lo único que te queda son las personas, cada una de su padre y de su madre, que te rodean. Los abrazos sinceramente dados y infinitamente agradecidos, escuchar,  una comida dominical y frases de consuelo.

Al fin y al cabo no es todo esto lo que define a las familias. Encontrar una familia al fin y al cabo, te hace afortunado a pesar que tu corazón esté triste, que tu alma esté rota. Por ello, gracias.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s