Entre el bien y el mal

Al anochecer, las miradas se cruzan como alfileres encubiertos por el sordo sonido de las nubes veraniegas, tan profundo pensamiento, o absurdo para muchos otros, ilumina mi alma en un día en el que el dolor y la penumbra inunda mi ser, pero puedo avanzar… No es una pena duradera, es pasajera, indicativa de un nuevo comienzo, de un lejano atardecer…

En un país en que la máxima expresión se define y enfatiza cada 4 de julio, te lleva a pensar en lo fundamental y extraño del paso del tiempo. 236 cumpleaños este 2012 que muestran que la gente norteamericana ama Estados Unidos. Es un patriotismo fuera de todo alcance de cualquier español y memoria reciente, tan renegado tras 40 años de dictadura, que nos muestra que a veces los extremos son divertidos y, otras veces, no lo son tanto…

Lo absurdo, lo incoherente, lo increíble e incluso la falta de vergüenza no son cualidades que se posean o no, simplemente se aprenden. Desde ancianas ataviadas con su mejores galas -o por lo menos eso piensan, ya que los colores rojo, blanco y azul de la bandera de Estados Unidos para muchos no casan- hasta las más ostentosas indumentarias que se iluminan en la oscuridad washingtoniana.

Es increíble como situaciones que se escapan de todo razonamiento te pueden sorprender para bien, para mal o despertar la más pura ignorancia. Al final las cosas te marcan aunque tú no lo pienses, las menos importantes, las más insignificantes. Creer que eres mediocre, o por lo menos es lo que los demás te expresan, es un dolor que inunda mi corazón y del cual me está constando sobreponerme.

La luna llena, yo creo que me afecta. Me afecta en lo más íntimo de la palabra, en lo más elocuente del pensamiento, en lo más desastroso del cuerpo, en la oblicuidad de las maneras, en los pasos mal dados, en las miradas desviadas y en la música popera que algunas veces hace más bien que mal.

Lo bueno es que la melancolía es pasajera, que la tristeza nunca se queda para siempre, que la alegría y el positivismo persiste por mucho que las personas te hagan de menos. La experiencia nos muestra que hay gente que te importa y no debería ser así, y otras, en cambio, que sí se preocupan y nos pasan desapercibidas…

Este no es un relato nostálgico, es un relato realista que asume que mis actos no concuerdan con la creencia que tienen los demás de mi, porque a veces parece que el esfuerzo, el tesón y la responsabilidad no pueden luchar con la expectativa que los demás tienen tomada con antelación de ti.

Hay veces que estas cosas te agotan, aunque sea solo momentáneamente, te paralizan y te evitan avanzar. Hay otras situaciones en las que, por el contrario, te ayudan a discriminar entre los que importan y los que no, porque la verdad es que a todos nos gusta que nos quieran, a todos nos gusta que se preocupen por nosotros, aunque si como yo eres afortunado y por lo menos le importas a los imprescindibles, eso si que es una lotería, y de la buena :).

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