“Lo único que quiere la gente es que la quieran”

La vida cuán extraña es. Todo puede cambiar en un segundo, y por una vez en meses ha sido para bien. La luz traspasa la ventana del onceavo piso del National Press Building mientras mis mejillas se sonrojan por lo vivido los últimos días. Torpe, loco, entusiasta, ambiguo y sin futuro, pero es excitante, sin ninguna duda. Dos semanas de vacaciones, cortas -necesito quejarme sino no sería yo-, que me han mostrado la realidad, una realidad optimista y un gran consejo, “lo único que quiere la gente es que le quieran”.

Una frase tan obvia, y seguramente para muchos manida, que esconde una verdad más profunda que la propia verdad. Me explico. Durante años, nos enseñan que nos tenemos que defender de la adversidad (que por supuesto son “los otros”). Que lo que hay fuera de las cuatro paredes seguras en las que vives es un mundo hostil lleno de trabas en el que sobrevive el más fuerte, el más avispado, el más acorde con una sociedad que en muchos casos, por no decir en todos, nos da la espalda… qué mal!!! cuánta ansiedad!!

Todo es mucho más simple que eso o más difícil según se mire. La vida ya nos enseña sola su cara más amarga, para que nosotros la compliquemos. Está claro, que esta tarea tal vez fácil para algunos, para mí no lo es: Soñadora eterna, paranoica constante, absurda en miles de ocasiones y asustadiza casi todos los días -ya sabéis yo y los aviones-.  La idea de dejarme llevar y perder el control,de disfrutar de la pureza de un momento, de un instante… no es una ardua tarea.

Muchos han colocado y colocarán piedras en mi camino, en el de todos seguramente, pero la forma de combatir esta situación es donde está la diferencia, donde reside el secreto. Muchas veces me he complicado yo misma el camino con armas como el cinismo o la bordería pero realmente eran una caperuza que me permitía, de forma ilusoria, vivir. ¿Pero, lo hacía realmente?. Lo he hecho lo mejor que he podido, como todos.

Añoro España, claro que la añoro. Pero adoro vivir aquí, a este lado del océano. Vente para acá! En un país de extremos, dónde eres incapaz de coger un autobús un domingo pero dónde la solidaridad se vive en los barrios, en la gente… dónde las escuelas separan por sexos, razas u orientación sexual pero las universidades crean a los mejores genios… dónde yo me perdí y sin embargo me he llegado a encontrar. Habrá momentos duros, momentos de incertidumbre, momentos en los que tirar la toalla parecerá lo más fácil.

La gente no debería intentar ser feliz, ya que eso requeriría un gran esfuerzo, una lucha constante y eterna de aquellos que rozan con sus dedos esa felicidad tan anhelada y sin querer por el camino se pierden todo lo que está sucediendo. Su presente, su vida. El amor, la tristeza, el enfado son emociones normales y hay que sentirlas.

Me rindo ante la vida. Voy a dejar que me sorprenda.

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