Yo (sin egocentrismos)

la fotoEn la agonía de quién espera está la ilusión de quién recibe. Con estas palabras, sacadas de un libro leído mil veces, la descripción del ser se rebaja a su más pura esencia. El tú por el yo, el yo por tú, sin remilgos. Un empiece,  tal vez ensombrecido por la eterna tristeza del que mira a su alrededor y no encuentra, ante la mirada de los demás furtiva.. inquieta.

Puede parecer que la melancolía inunda estas líneas, escritas en frío y con dolor, pero no es así. La alegría por primera vez abre su ventana a un mundo de dicha lleno de posibilidades, de un comienzo inmerso en la creatividad y en la ilusión de que cada día empieza uno nuevo..

Con esta quietud, del eterno viajero, del eterno emigrante, que no encuentra su sitio de tanto andar sin rumbo, de tanta vuelta que marea.. en la absurda impaciencia de quien decide vivir en vez de sufrir, en ese epicentro de idas y venidas.. por fin el cuerpo y la mente se encuentran..

Dicen que cuando el amor aparece, las pupilas se dilatan, el ritmo cardíaco se acelera, el sudor inunda tu cuerpo y tu pensamiento inventa escenas, situaciones, sueños que aunque para ti son reales, lo más seguro es que nunca lleguen a ocurrir…

El dilema acertado es saber que ocurre cuando uno se quiere a sí mismo, con sus defectos y virtudes, con sus caídas y subidas, con sus sonrisas, con sus derrumbes… Si realmente el amor es el causante de síntomas cercanos a la arritmia .. nunca nos querríamos a nosotros mismos.. por el miedo a vivir en un continuado cúmulo de síntomas.. que dentro de los margenes de la existencia cotidiana no serían compatibles…

El amor a uno mismo, el valorar y aceptar que ante la adversidad no queda otra que levantarse, que tras ocho caídas, habrá nueve empujones, que tras mil equivocaciones habrá 1001 correcciones… ¿y qué es la vida entonces?, para mí, si se me permite, es un un corto aprendizaje para aquellos que disfrutan y un eterno sufrimiento para los que no perciben las señales…

Al amor a ti, a ese ser que nació contigo, que vive contigo y morirá contigo habría que cuidarlo, mimarlo, criticarlo, regañarlo y admirarlo cada día… que le vamos hacer, al fin y al cabo, estamos “condenados” a que nuestra mente y cuerpo vivan y discrepen… más vale que, por lo menos, ellos se quieran para siempre…

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