Un sábado cualquiera

IMG_7057La sombra de lo que fue es el recuerdo que nos queda, lo que nos abraza en una noche cualquiera de abril, acariciada por la brisa todavía fresca y las luces que iluminan la ciudad. El paseante tranquilo se desplaza entre las callejuelas atento a los que vienen, ignorando a los que van.. Los pensamientos vuelan cuán maremágnum de acontecimientos entrelazados sin sentido, sin conexión aparente, sin cronología, pero con vida… con el latido de lo que se fue, de lo que se mantiene en la mente y no se olvida…

Los barrios decoran sus calles con terrazas atestadas de gente de todas las razas, entre los que se puede diferenciar a los que beben, a los que no, a los que ríen, a los que lloran, a los que leen, a los que aunque en compañía su mirada permanece pérdida.. o a  aquellos que hacen que escuchan pero su mente está en otro sitio, en otro lugar, tal vez en otra ciudad, en otro Estado, en otro continente..

La música ameniza el paseo, los ritmos latinos se diluyen con el blues de un hombre negro y su guitarra mientras otro haciendo competencia, algo muy característico de este país, con su trompeta, un amplificador y un micro consigue que sus ritmos sacados de Nueva Orleans, según relata, sean los más escuchados de la calle 18 de la capital, y no por su calidad, por el volumen…

La melodía que transmite de dolor y agonía, no se sabe bien si es por un constipado que sufre el artista o por el ambiente de culto que se respira este sábado en Adams Morgan, donde algunos se juntan y hablan, otros observan.. y el caminante sigue su paseo—

Los colores cada vez son más brillantes, los árboles aunque todavía no florecidos, empiezan a mostrar las primeras hojas, las flores amarillas y rojas adornan las avenidas y el sol, tan ausente durante meses, alegra a los que sentados en bancos y armados con gafas de sol y botellas de agua se dan un baño para coger color, perderse, relajarse o simplemente disfrutar…

En el Iphone suena una canción española ochentera, es increíble el daño que han hecho estas canciones, para los de mi generación , que sin querer y sin previo aviso te transportan a los quince años (duros), a los dieciocho (locos), a los veinte del renacimiento y ahora a los treinta, serenos..

Sigo mi camino… no me detengo.. pero tengo que pararme.. la gente me dice hola, me conoce, ya soy uno de ellos. Uno de tantos inmigrantes que a veces melancólicos, aunque cada vez menos, sueñan con un posible mañana en el que poder regresar de las sombras y ver las cenizas que hayan quedado tras el desastre…. Malditas canciones de los ochenta, como me gustan!!

De repente, sin percatarme, tropiezo con mi portal, mi cobijo, mi sitio de adopción. Lo miro, me tranquiliza. Me siento en la escalera rodeada de arbustos de un verde bermellón a mi alrededor… me enciendo un cigarrillo mientras suena por tercera consecutiva la misma canción, es Cartas de Amor de Mikel Erentxun.

Entre el relax, la buena vista, los recuerdos me trasladan a otro lugar pero mis pies se mantendrán firmes en este mismo sitio lo que me dejen, aunque mi corazón siempre aquí, siempre esté lejos cerca de otro mar aunque separado por el mismo océano.

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