Detroit

999516_10151643944349355_143523840_nHubo un tiempo en el que Detroit, situada en el Estado de Michigan, era todo grandeza y lujo. Limítrofe con Windsor, Canadá -tan solo el puente Ambassador separa las dos orillas-, hace más de medio siglo era la cuarta ciudad más importante de Estados Unidos, gracias al sector del motor, la música y el transporte fluvial. Pero la cara que hoy en día muestra la metrópoli carece del lustre de antaño. Mientras gigantes automovilísticos como General Motors o Chrysler siguen dominando sus extensas avenidas, no muy lejos, al este de la ciudad, los edificios se desmoronan, las ventanas rotas muestran el abandono y los barrios ya no son barrios, son calles fantasma. De sus más de 350 kilómetros cuadrados de superficie, tan solo 18 de ellos están habitados.

Conocida en la década de los cincuenta como el París del Oeste, las autoridades de esta ciudad anunciaron hace poco más de una semana que se acogían al Capítulo 9 de la ley de Bancarrota de EE UU, norma que certifica que carecen de fondos para pagar una deuda que asciende a  20.000 millones de dólares. Para establecer la misma, esta tiene que ser autorizada por un juez federal en un periodo de entre 30 y 90 días.

A la espera de esta decisión, y si nada lo impide, Detroit se ha convertido en la mayor ciudad de la historia de EE UU en suspender pagos, una situación a la que ha llegado por diversos motivos.  En los últimos años, entre otras razones, las grandes compañías de automoción – como Ford, General Motors y Chrysler- trasladaron sus fábricas a las afueras, donde los trabajadores encontraron mejores casas y se mudaron.

Tras ellos, los siguientes fueron las tiendas de ropa y comestibles –grandes recaudadores de impuestos-, hasta llegar a un punto en el que en la ciudad se quedaron las personas que dependían de los beneficios sociales o no podían salir, por carecer de medios. El declive de Detroit ha sido paulatino en los últimos 60 años, pero se ha visto reforzado en los dos últimos. El dato oficial de paro se sitúa en el 18% (más del doble de la media nacional), aunque el propio alcalde aseguró que estás cifras eran mayores en la ciudad: “Podemos hablar del 30% al 50% de los habitantes”.

La bancarrota ha enfatizado más aún las diferencias que existen en Detroit, una ciudad que muchos dividen en dos grandes núcleos. Por un lado, están las cinco regiones que se mantienen estables económicamente: Palmer Woods, Indian Village, Far East Side, Southwest Detroit y Downtown (lugar donde se está produciendo la mayor inversión)-; y por el otro, está “todo lo demás”, explica Ronald Butler, un ingeniero jubilado que fue jefe de departamento de montaje de General Motors durante 40 años. Mientras unos defienden, los que viven en las afueras mayoritariamente, que los que se quedaron en Detroit se han vuelto vagos y viven de los beneficios sociales y de delinquir, los que se quedaron aseguran que “quieren su ciudad de vuelta, que las grandes compañías se la robaron”.

“Mientras en estas cinco zonas se producen nuevos negocios y nuevas contrataciones, las personas que más están sufriendo son los que se quedaron, los más  pobres –un 80% de ellos son negros y el resto, el 20%, son de distintas razas-. Aquellos que trabajaron en las plantas automovilísticas o que trabajaban en el sector servicios como los bomberos”, continúa Butler.

Desde la Milla 8 –autopista que hizo mundialmente famosa Eminem y que es la frontera entre Detroit y el Condado de Oakland–, donde sobreviven cómodamente negocios de coches, gasolineras, clubs de striptease y grandes almacenes, hacia el este de Detroit, todo es decadencia. Las casas están calcinadas, la mayoría de los comercios están cerrados y las antiguas fábricas descansan entre maleza y basura. Tan solo siguen abiertas lavanderías, sitios de comida rápida y de reparación de automóviles regentados mayoritariamente por árabes, de los cuales el 100% viven a las afueras. En esta zona, donde es difícil tropezar con otro ser humano, el 85% del alumbrado no funciona –los datos oficiales indican que solo el 40% del tendido eléctrico de Detroit está operativo-, lo que sin duda favorece la criminalidad.

Parece que no hay nadie, que estás solo, pero están al acecho. La mayoría de los habitantes en estas áreas no tiene trabajo ni dinero y muchos han aprendido a vivir delinquiendo para poder comer o conseguir droga –la cocaína es un problema grave en Detroit-. “Puede que este área tarde mucho en recuperarse, entre 15 y 20 años, o puede que no llegue nunca hacerlo”, prosigue con desánimo Butler. Detroit sustenta el título de ser la ciudad con mayor inseguridad de EE UU: la policía tarda alrededor de 58 minutos en responder a una llamada, frente a los 11 de media nacional.

“Bueno, esto no ocurre en todo Detroit. Downtown es una zona relativamente segura ya que hay inversores que están inyectando en la zona muchos millones de dólares”, dice con ironía este hombre. Allí están asentados el Teatro Fox y el Edificio Madison –que salvó de la quiebra el cantante de The White Stripes, Jack, y en el que, en épocas más boyantes, llegaron a tocar grupos como los Rolling Stones-.

Hay algunos detronianos que están pensando en volver y ayudar al que centro renazca de nuevo. “Estoy pensando en mudarme de nuevo a Detroit y abrir un par de negocios; ahora la ciudad es diferente, cada vez que me voy y vuelvo es diferente. Pero pienso que esta vez es la peor de todas”, dice Mike Tucker,  hombre que abandonó Motor City hace 13 años para irse a California. “Aquí, si tienes educación, tienes una oportunidad. Hay mucha gente en Detroit que ha elegido no estudiar, porque para ellos era más fácil trabajar en las plantas de automoción, y ahora retomar ese camino es casi inviable para ellos. En esas plantas ya no hay trabajo. ya que en muchas tan solo montan las piezas que llegan de otras partes”, continúa Tucker. “Yo creo que la bancarrota es la única manera de enfrentar la situación que está viviendo la ciudad. Ahora toca coger las cosas por su lado más duro”, asegura este economista que trabaja como administrador.

“No sé si Obama ayudará, hay otros Estados que han sufrido esta situación y el Gobierno federal no ha hecho nada. Aunque lo hizo bien con el sector automovilístico”. Pocos políticos en la historia de EE UU han solicitado el rescate de una ciudad, como Obama hizo con este en Detroit. Con respecto a la quiebra, la Casa Blanca aseguró “que se comprometía a seguir apoyando su fuerte alianza con esta ciudad”.  “No creo que puedan salvar a todos. Aunque creo que los mejores días de Detroit no están tras nosotros, sino por delante. Declarar la bancarrota es un comienzo porque no tienes que pagar toda esa deuda, pagas peniques por dólares. Es un buena oportunidad de repensar la ciudad y reconstruirla de nuevo”.

Abrir negocios en el centro es la nueva esperanza para muchos de los que deciden volver a Detroit.  Downtown rememora todas las cosas que hicieron a esta ciudad única hace más de medio siglo cuando el glamour, la música y el sector del motor convivían en un mismo lugar; un sentimiento que se percibe cuando se camina por sus grandes avenidas abarrotadas de edificios majestuosos, algunos renovados y otros totalmente abandonados, en un sitio en el que los pequeños comerciantes y grandes inversores han conseguido hacer un buen tándem. Por ejemplo, Dan Gilbert, dueño de varios equipos profesionales en las Ligas Mayores de EE UU, ha comprado desde 2011 una veintena de edificios, los está restaurando y está promoviendo que gente joven se venga a vivir a la ciudad. Solo necesitan un diploma y ganas, él por su parte les ofrece un empleo, una vivienda a precios accesibles e impuestos más bajos.

Ante estos hechos puede dar la sensación de que la recuperación de Detroit está cerca, pero nada más lejos de la realidad. Todavía hay miles de personas que cada día divagan por las calles buscando comida, empleo, vivienda o la próxima dosis. La bancarrota enfatiza una vez más la diferencia de clases, en la que los inversores ayudan a los que les puedan beneficiar -gente joven con dinero y título- pero siguen desviando la mirada cuando se presenta ante ellos alguien que no les sirve.

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2 pensamientos en “Detroit

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