26 days to go… quiero dormir

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La idea de parir me sigue rondando la cabeza, el problema es que lo hace sobre todo por las noches. Los nervios parecen aflorar en las últimas horas del día, provocando un insomnio, síntoma normal según he leído, pero que no es un consuelo. Se supone que me voy a pasar el primer año de vida de mi hija sin pegar ojo, por lo que sería perfecto poder recuperar algo de sueño estos días. ¿Será la naturaleza animal que me está avisando de lo que está por venir? Menuda ironía. Tiene mala pinta. Sigue leyendo

En Madrid…

En la aturdida represión de mi mundo lleno de dudas, de recuerdos que me llenan de nostalgia en esta tarde de domingo, de los recuerdos de casas de colores y grandes avenidas, vislumbro la realidad que se presenta ante mi..

A pesar de la necedad del ser humano, de la insensibilidad del hombre, de la terquedad de aquellos que no creen en el cambio, del miedo de los que huyen cuando algo es real…

El aroma a este lado del charco es diferente, ni mejor ni peor, distinto.. Huele a infancia, a inocencia, a familiaridad y eso reconforta… Huele a reencuentros olvidados, a sensaciones revividas, a rincones escondidos… A hermosura camuflada…

En medio del caos, en plena adaptación de mi corazón y mi alma, creo que encuentro el camino y la fuerza para echar a andar….

En la oscuridad de un cuarto, con las cortinas a medio abrir, en un barrio de siempre, en una ciudad que me acoge como suya y en la que ya empiezo a sentir el abrazo…

Siempre aquí, siempre lejos.

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Hasta siempre Washington

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¿Si pudieras estar en cualquier parte del mundo como periodista, dónde sería?, me preguntó Joaquín Estefanía en la entrevista para entrar al máster de El País.

“Yo iría a Washington para ver qué ocurre con la reforma sanitaria de Obama”, contesté con firmeza. Era octubre de 2009.

El 28 de junio de 2012, tras años de polémica, el Tribunal Supremo la declaró constitucional. Yo estuve allí.

847 días. Varias visitas a la Casa Blanca, al Departamento de Estado, al Supremo y al Capitolio. Varios museos  y monumentos nacionales. Un cierre de Gobierno. Ocho Estados. 20 tiroteos y sucesos varios. 32 tormentas.

Decenas de noticias de salud. Otras tantas de gente y cultura.  Una investidura… Unas elecciones… Virginia… Entrevistar a Estrella Morente… Ir a la Universidad de Hopkins…. Detroit… La OPS, el CDC y la FDA. Un horario de 24×7 y la portadilla de EE UU.

La muerte de Gabriel García Márquez pocos días antes de irme. Es necesario recordar sus palabras: “Aunque se sufra como un perro, no hay mejor oficio que el periodismo”. Lo sé, #Gabo.

Unos momentos que resumen de manera muy sintetizada mi trabajo en Washington desde mi llegada en 2012. Este es el lado racional.

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De los abrazos a la….

Abrazo_de_OsoQué ocurre cuándo los acontecimientos no dependen de uno mismo; cuándo, sin quererlo, te ves  inmerso en un círculo vicioso que no entiendes, mientras tú crees que lo has hecho bien, o lo mejor que has sabido. Tu comportamiento ha sido adecuado, generoso, pero aún así todo sale mal, sale de forma desastrosa, porque hagas lo que hagas los acontecimientos se escapan de tu control.

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Otoño.

la fotoEn la locura del que siempre espera está la racionalidad del que siempre huye. Ante la inclemencia del déspota está la ingenuidad del inocente; aquel que intenta percibir la realidad con buenos ojos, aquel que siempre busca lo positivo en cualquier circunstancia, aquel que muestra la sonrisa aunque esté repleta de lágrimas, aquel que no las deja salir aunque se ahoguen en su garganta al amanecer, aunque exploten entre sueños durante la noche…

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Cuando los días huelen a sal

por-que-vemos-el-agua-del-mar-azulCuando los días huelen a sal, cuando las olas del mar se escuchan al anochecer y el ruido de la brisa suena como una canción de cuna significa que las vacaciones se aproximan. Con un verano bendecido -irónico- por las tormentas y las altas temperaturas a este lado del Atlántico, las ganas de volver a casa son cada día más fuertes, el reencuentro con los míos me ilumina la cara cada mañana. Sigue leyendo

Porque me da la gana…

la fotoNo sé si a la gente le ocurre lo mismo, pero a mí el verano me pone de buen humor, es como un cargador de pilas -sin enchufes- que plasma en mi cara esa sonrisa casi permanente -sino llega nadie a tocar las narices- a pesar del calor, del tráfico, del viento -intenso por estas latitudes- y de las tormentas que, sin ton ni son, son tan propias de la ciudad pantanosa de Washington. Sin olvidar que a los 30 grados de media hay que sumarle el siempre presente índice de humedad que llega en más de una ocasión, y muy a mi pesar, al 100%.

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